Open de Australia 2024: Alcaraz accede a los octavos de Australia tras el abandono de Shang | Tenis | Deportes

Él, murcianico de pro, agradece ese sol que hoy por fin llega y que estos días ha holgazaneado tras las nubes en Melbourne. El viento de primera hora se ha marchado y en la central se respira un ambiente agradable que multiplica el brío y la velocidad de sus golpes, estos de todos los colores. Carlos Alcaraz, sin mangas, a pleno rendimiento la maquinaria porque empieza la hora de la verdad y hay que probarlo todo, se lo pasa pipa. ¡Pam, pam, pam! Estacazos a tutiplén, diversión de sábado tarde. Se estira como un gato, flexiona piernas para el botepronto, tira un muñecazo bestial. “¡Carlitos, ooooolé!”, gritan desde la grada. Y él erre que erre, va con todo. La pelota vuela, sale como un tiro cuando el murciano carga y carga, y Juncheng Shang, pobre él, hace lo que puede; no mucho, para qué nos vamos a engañar. Apabullado por el tiroteo y tocado del muslo derecho, dispara la cifra de errores (25 al final) y, lesionado, decide parar a los 66 minutos: 6-1, 6-1 y 1-0. Al margen de la desgracia física —”nadie quiere ganar así”—, es un día para pasárselo bien.

Suena el Y. M. C. A. de los Village People y la música, ese algo tan especial que tiene, genera el clímax. Subidón. Alcaraz está a punto de cerrar el segundo set y observa la fiesta de la gente desde la silla, sonriendo, porque a él le gusta el show y si no se levanta y se une a la coreografía general es porque quedaría un poquito feo. Pero ganas no le faltan. Todo sale a pedir de boca. Por fin el verano, un rival —140º del mundo, el más joven al que se ha enfrentado en la élite— al que le falta un buen horneado y que permite el ensayo; para cerrar, un ahorro significativo del tiempo empleado sobre la pista, que en un grande todo cuenta y el ahorro de combustible siempre suma. Poco más de una hora de rodaje traducida en una productiva sesión de entrenamiento y, en paralelo, desde la Margaret Court Arena, llegan a priori buenas noticias porque Miomir Kecmanovic, serbio, ha quitado de en medio al estadounidense Tommy Paul, un dolor de cabeza hasta ahora. Dos veces batió a Alcaraz en cuatro partidos.

Pero ojo, guardia alta porque tampoco es ninguna perita en dulce el balcánico, que le exigió de lo lindo hace dos años en los cuartos de Miami. Fue número uno júnior en 2016, y hoy trata de recuperar la buena dirección después de un amago de acceder a la zona noble y la decaída posterior. Tiene 24 años, es el 41º del mundo y posee la virtud de generar golpes desde cualquier posición, compacto, sin fisuras ni agujeros reseñables. Le espera Alcaraz, que con el avance hace pleno: ya ha pisado la segunda semana de todos los majors. “He mejorado mi mejor resultado aquí [la tercera ronda de 2022], pero espero seguir pasando rondas. Me he sentido cómodo moviéndome y he manejado bien la pelota”, comenta a pie de pista. “Lo primero, quiero desearle a Shang una pronta recuperación. Es un gran jugador y ha hecho buenos juegos; sé que estaba esperando este partido y desafortunadamente no ha podido afrontarlo de la mejor manera posible”, agrega con deportividad. El tenista asiático, zurdo, tan solo ha podido defender su servicio dos veces y ha encajado seis breaks; cede al final al dolor, pero la Rod Laver le aplaude por no haberse entregado antes. Bravo por él.

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