Martí Perarnau: “Guardiola necesita que lo quieran” | Fútbol | Deportes

El biógrafo de Guardiola Martí Pererbau posa en una cafetería en Madrid.Andrea Comas

Maestro del rodillo ventral, Martí Perarnau (Barcelona, 68 años) batió el récord de España de salto de altura antes de dedicarse al periodismo. Ejerció en RTVE, Radio Barcelona y Antena 3, previo paso por los Juegos de Moscú, en 1980. Fue en las noches de aquella villa olímpica del boicot y la Guerra Fría donde se unió a las correrías de la selección de waterpolo. Entre los nadadores destacaba Manel Estiarte, uno de los mejores waterpolistas de la historia. “Él tenía 18 y yo 25″, recuerda Perarnau, “y ahí nos conocimos: haciendo el gamberro”. De aquellos desenfrenos surgió una oportunidad. En 2013, Estiarte, mano derecha de Pep Guardiola, respaldó su idea de escribir un libro sobre la vida cotidiana del entrenador de fútbol más influyente del siglo. El pasado noviembre se publicó Dios Salve a Pep, tercer volumen de una trilogía única en la historia del periodismo deportivo.

Pregunta. Es la primera vez que alguien cuenta la historia del entrenador de referencia de un deporte que concentra tanta atención conviviendo día a día en el sanctasanctórum de los equipos que dirige, en este caso el Bayern y el Manchester City. ¿Qué es el sanctasanctórum de un equipo de fútbol?

Respuesta. El vestuario en el que durante un rato las mujeres y los hombres se desnudan física y espiritualmente y se convierten en otras personas, que son los futbolistas. Normalmente diferentes de los que nosotros creemos desde el exterior porque los idolatramos, o los odiamos.

P. ¿Por qué Guardiola le abrió la puerta?

R. Estiarte ha elaborado una teoría: pillamos a Pep con las defensas bajas. Estiarte es el colaborador imprescindible. Él me dijo: “Yo le dije a Pep: ‘que vea todo y que escriba lo que quiera. Si nosotros no le influimos en nada ni le sugerimos nada, el 80% será positivo. Eso te beneficia’. Y creo que es así. Este libro tiene evidentemente cosas negativas, errores, cagadas, meteduras de pata. Pero tiene más positivo que negativo.

P. Guardiola crea comunidades de amigos y colaboradores que le acompañan. ¿Lo hace porque se siente inseguro?

R. No diría que es un hombre que se sienta seguro de sí mismo; no, diría que tiene más incertidumbres que certezas. Más dudas que seguridades. Y creo que ese es uno de sus motores de progreso. Estar permanentemente dudando de si realmente va por el buen camino. Otro de sus grandes motores es la autocrítica constante. Hemos ganado el partido, sí, pero… Hemos perdido el partido, sí, pero… Hemos ganado por goleada, sí, pero… Eso es constante y provoca muy pocos espacios de celebración. En contra de lo que pensamos normalmente: “Acabo de ganar 5-0, qué feliz me siento, voy a disfrutar del momento”. Él no disfruta. Él aprovecha el momento para intentar dar otro paso adelante.

P. Pep deja una frase sobre el éxito: “Ninguno de nosotros somos como éramos el primer día”. ¿Qué significa?

R. Una de las claves de su éxito es el cambio permanente, en el juego, en la gestión del equipo, en lo personal. ¿Por qué se va del Barça? ¿Por qué se va del Bayern? ¿Por qué no se quedó diez años en la Bundesliga en un club maravilloso donde lo tenía todo? Solo se puede entender la carrera de Pep si entiendes que para él el cambio es imprescindible. Se aburre. Quiere sentirse vivo.

P. ¿Le preocupa crear un efecto estético?

R. No persigue la perfección estética ni plástica. Busca la efectividad y la perfección de la acción del juego.

P. ¿Cree en una ética del fútbol?

R. ¿Ética? No tiene esa vertiente de definir lo que es el juego bueno o malo. Él respeta mucho los modelos de juego radicalmente distintos al suyo. Casi son los que más respeta porque son los que se le oponen.

P. Guardiola ha ganado 37 trofeos desde 2009, un caso insólito de longevidad. ¿Cuál es su estímulo ahora?

R. En los momentos importantes me ha dicho: “Mira Martí, ¿qué más da dos trofeos más en una vitrina?”. Evidentemente que quiere ganar, pero él dice “quiero seguir viviendo esta pasión de cada día de seguir entrenando y hacer esos microentrenamientos con mis jugadores y poder abrazarles y poder quererles y que me quieran”. Él necesita que lo quieran. No tiene ninguna sofisticación. Ponerse las botas y tocar césped es lo que le levanta de la cama, aunque esté diluviando en Mánchester.

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